El caso Bergara

bergara bonaerense1

Por lo general “los casos policiales” no han tenido espacio en el blog, si bien la inseguridad y los secuestros extorsivos forman parte de nuestra realidad cotidiana, hasta hoy, que leyendo y releyendo los diarios y los portales de noticias me parece necesario reafirmar cosas que son obvias y por obvias peligrosas para la política.

Secuestrar una persona plantea un primer interrogante: es secuestro o autosecuestro?, dos caminos a investigar, en ambos hay un denominador común, es una operación compleja, requiere de una estrategia bien concebida, de tácticas precisas y de una logística vasta en recursos humanos, económicos y tecnológicos.

Mantener a alguien secuestrado durante 33 días con toda la policía atrás, requiere una organización;secuestrar, cobrar el rescate, liberar y no caer presos es una prueba del triunfo de esa organización.

Por acción u omisión, la policía, en este caso la bonaerense, tiene que ver en el tema, es imposible el secuestro, sin esta premisa.

Que el poder político resulta dañado es otra premisa fundamental, pues resiente a las instituciones democráticas frente a la ciudadanía, sólo deteniendo a los sospechosos, se salva algo la ropa…pero detener sospechosos no es lo mismo que detener a los autores reales, la detención de sospechosos no resuelve el enigma, ni afianza al poder político.

Todo lo que he dicho es obvio de toda obviedad, como obvio es que secuestrar es para “hacer guita” para gozarla o para fortificar la organización…digo que todo es obvio, por que todos lo sabemos…el secuestrado, los secuestradores, el poder político y la ciudadanía.

Después de la liberación, entramos en el reino de las hipótesis y de las conjeturas, hasta que el caso pierde fuerza en los medios, por que otras realidades convocan a las primeras planas.

Pero en algún lugar alguien tiene el botín del secuestro y no está dispuesto a retirarse del escenario, solo hay que dejar “que la cosa se calme” y nuevos secuestros volverán a suceder…por que secuestrar es  un laburo rentable” y el laburo no se pierde, menos en épocas de crisis.

El final para el secuestrado, en este caso, fue feliz y también son felices sus secuestradores, todo terminó bien y no hubo sangre, si esto fuera el final de una misa el cura diría…Podeís ir en paz, la misa ha terminado”

Pero no fue una misa.

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